Le mandé mi post anterior a Arri y me contestó esto (que transcribo sin decir 'mu'):
Vos te referís a la "violencia simbólica", como si eso ya de por si fuera algo livianito, o que al menos "no es violencia", así parece al leerse; como diciendo, "por suerte es simbólica y no de la otra".
Pues bien, mi querido amigo, precisamente la violencia simbólica es la peor, porque es la que origina la otra... Hannah Arendt diría que la violencia "es la acción sin discurso", es decir, que para que haya "de la otra", primero tuvieron que morir las palabras...
Con lo cual ya la violencia simbólica es de por sí muy fuerte y legitimadora de desigualdades que después se traducen en "lo otro" en la sociedad.... como no puedo hablar con Rossi (porque no me dejan, porque no quiero, porque no puedo) le tiro huevos...
Como no puedo aceptar lo que el otro me dice, sus argumentos, le pego, lo escupo, lo señalo...
Y precisamente, la violencia simbólica, es tanto o más trascendente o grave que la "otra" porque "la eficacia simbólica de las palabras se ejerce solamente en la medida que aquel que la soporta reconoce a aquel que la ejerce como legitimado para ejercerla" (Bourdieu, 1985).
Cuando hablamos de "simbólico" estamos haciendo referencia a un proceso mediante el cual se construye sentido a través de un sistema convencional de representación del mundo y que se da COMO LO REAL de ese mundo... hete aquí el problema...
Cuando Michel Foucault dictó la su conferencia inaugural en el prestigiosísimo College de France, en donde tomó la cátedra de Historia de las Ideas cuando alegó que "es necesario concebir al discurso como una violencia que se ejerce sobre las cosas".


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