Entre las fiestas, leí de corrido La maravillosa vida breve de Óscar Wao, novela ganadora del Pulitzer en 2008 y de otros premios importantes desde el 2007.
Junot Díaz nos cuenta la historia de un virginal nerd estadounidense, descendiente de dominicanos torturados y asesinados en la dictadura de Trujillo.
Es un juego de espejos refractarios, un experimento con la memoria, con las decisiones morales en el relato. El narrador parece mofarse de esa vida insignificante pero cae en sus categorías fantasiosas para recuperar la historia sangrienta de un país: República Dominicana se llena de Saurones y Nazgules.
Pero, ¿por qué inventar esta vida tan breve, tan patética, tan frustrante de Óscar Wao? Ahí está la trampa. La pregunta hecha a Galactus está dirigida al personaje narrador y a nosotros mismos. Acaso atrás y adelante de cada vida anónima, ¿no podemos leer un sinfín de villanos y maldiciones dignos de contarse, aunque escaseen los actos heróicos y los desenlaces satisfactorios?
La maravillosa vida breve de Óscar Wao es una tragedia tan oscura como amena. En el centro, el narrador se está divirtiendo con este gordito loser, con una pizca de maldad y otra de cariño. Y ese es el gran logro de Díaz: Yunior. El personaje narrador es único, con una voz particular y actitudes distinguibles, tan latino, tan macho y tan inseguro. Podemos cuestionarlo o comprenderlo, pero nos convence de seguir pasando las hojas.
Supongo que debía quedarme con él. Me debí haber sentado en esa silla y dicho que toda esa vaina iba a pasar, pero era nuestra última noche y yo estaba harto de él. Lo que quería era rapar a esa india que tenía esperándome en Douglass, fumarme un fino e irme directo a la cama.


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