martes 30 de diciembre de 2008

Una rusa llamada Irina

Yo también conocí a una Irina. Y también era de San Petersburgo. Nunca hablaba de su familia, pero suponíamos que algo había pasado. Se había enamorado de un sueco y en seguida se había ido a vivir con él a Jönköping. Una ciudad hermosa, decían los suecos. Para Irina había sido un aburrimiento infernal. El tipo la dejó o la cagó o algo y ella se amargó en la soledad, rodeada de pueblerinos. "No fun there", decía. Juntó algo de plata (en algún lado la tenía guardada, o de alguna forma la conseguía) y se fue a pasar un año a una pequeña universidad yanqui repleta de suecos y descendientes de suecos. Yo llegué unos seis meses después. Irina había sido casi la única habitante del campus durante el receso por las fiestas. Se nos enganchó enseguida (nosotros contábamos con un moldavo que venía de Moscú).

Un personaje particular la Irina. Siempre parecía nerviosa. Mezclaba su defectuoso inglés, con el ruso y algo de sueco; quizás era por eso. Estudiaba negocios y probablemente era la alumna más vieja de la universidad, le llevaba más de dos años a cualquier otro estudiante local. Y compartía habitación con Jenny, una sueca con la vida demasiado organizada, que había llegado junto a su futuro marido. Irina se aburría. O no tanto. De vez en cuando se prendía a nuestras borracheras clandestinas, tomaba vodka como si fuera agüita y alguna vez los dos terminamos quebrados en el rincón de alguna fiesta en un subsuelo. Pero ella quería otra cosa. Venía super producida (mucho maquillaje, polleras cortas, tapados elegantes y botas) y era de las que clamaban por ir a los clubs en la ciudad.

De a poco me fui dando cuenta: siempre se encontraba con alguien, conocido o desconocido, y desaparecía. A veces pasaba más de un día hasta que la volvíamos a ver en el campus. En una ocasión, después de pasar buena parte de la noche con Martinis y Cuba Libres en un bar, le llegó un SMS y casi a los gritos le pidió al taxista que frenara y la dejara bajar en el medio de la autopista. Taconeando excitada en el asfalto regresaba a la ciudad, mientras nosotros nos íbamos a dormir. En Nueva York pasó algo similar. Cuando decidíamos dónde íbamos a comer y chupar una noche, ella salió del bañito del mugroso hostel chino más preparada que nunca, agarró su cartera de la cucheta y dijo: "Guys, tonight don't wait me". Otro día mencionó lugares realmente chics, pero no supimos mucho más. En Boston, donde la atmósfera de ciudad-pueblo la recluyó en la habitación de hotel, el australiano (medio-enojado) la bautizó "fancy pants" o algo así. Dio en el clavo, así caminaba y así parecía andar por la vida. No era linda, pero tenía su encanto y buscaba la forma de explotarlo. Brillaba a la noche en las grandes ciudades y se apagaba en las tardes de pueblo.

Al final del semestre estaba triste, como todos, pero un poco más. Era momento de volver a casa. Y ella, ¿dónde volvía? Consiguió que un indio medio nerd le subalquilara una habitación de un piso tremendo con vista al Millenium Park. Así que se quedó haciendo tiempo por allí. Pero, por lo que recuerdo, la experiencia no era de lo mejor. No consiguió trabajo ni nada, así que se fue a Suecia a terminar su carrera. "Very boring. No life". Allí era infeliz y necesitaba volver a Chicago. No lo logró pero llegó cerca: un programa de posgrado (barato o gratis) en Iowa. "I love to live in a city. And now I am going to Iowa... what irony...". La última vez que me escribió desde Suecia parecía medio deprimida por su presente y futuro: "I am not that good. I feel like I am waisting my time. I want out from Sweden and I feel a bit worthless". Sé que todavía anda por Estados Unidos, contenta, intentando una vida inspirada en Sex & the City, Rent y Closer (las que ve siempre que puede). En alguna foto está con el pelo más oscuro que nunca, pero lo último que me mandó fue muy cariñoso. "That time In NYC/Chicago was the happiest time in my life. FRIENDS FOREVER. Love you".

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Casi-periodista, cuasi-escritor, cuasi-traductor, cuasi-blogger, pro-profesor, semi-empleado, licenciado. Siempre atento a oportunidades que se pueden casi, cuasi o semi aprovechar. Mail: jmbzet[a]gmail.com
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