Como comenté hace unos meses, uno de los libros que hay que leer en estos tiempos de crisis financiera es Golden Boys, de Hernán Iglesias Illa. Aunque costó, el autor finalmente tuvo la amabilidad de sentarse un rato a romperse la cabeza con uno de mis largos cuestionarios por email. El resultado es muy fructífero. En esta entrevista Hernanii nos da más pistas sobre la producción de algunas de las partes clave (y, tal vez, las más delicadas) del libro. Y se prende a reflexionar sobre ciertos temas que trascienden a su investigación y a su texto. Por mi parte, muy agradecido.
- Algunos no empiezan a escribir hasta tener la primera y última escena, otros escriben de corrido, otros escriben en forma fragmentada y después reúnen las partes en una pared y les intentan dar la forma de un todo. ¿Vos desplegas algún sistema al escribir?
- No tenía un sistema. Armé una lista de capítulos más o menos al principio, que intenté respetar y se mantuvo más o menos en pie (un 60%, ponele) hasta el final. La primera escena la escribí cuando ya tenía la mitad del libro escrito. Un día se me ocurrió que podía ser una buena manera de arrancar y escribí ese primer capítulo. La última escena es lo último que escribí. Lo demás, lo escribí más o menos en el orden que está escrito. Empecé por el capítulo 3, que es el primero de los grandes capítulos cronológicos. Y después seguí. Cuando me sentí cómodo para escribir los dos primeros, paré, volví, los escribí y después volví otra vez al otro lado.
- Aunque tal vez ya explicaste de dónde surgió la idea de los capítulos en primera persona del plural, me gustaría saber más sobre ellos. En otros casos se ha cuestionado la veracidad de este tipo de textos. ¿De qué manera la garantizaste? ¿En qué los basaste? ¿Hasta qué punto crees que está clara la frontera entre fact y fiction?
- Yo tenía planeados –en tercera persona– dos o tres capítulos “sociológicos”, que explicaran quiénes son, de dónde vienen y cómo viven los golden boys. Empecé a escribir el primero de ellos y me daba muchos problemas. No quedaba bien. Quedaba muy “monografía”. Además, como muchos de los testimonios eran off the record, le faltaba un ancla de dónde agarrarse. Un día leí en el diario que un pibe había publicado una novela, sobre un grupo de oficinistas, escrita toda en primera persona del plural. Fui a la librería que está a la vuelta de casa, la hojeé un rato (a la novela), me gustó y me pareció una buena idea para Golden Boys. Y creo que fue una buena idea: sirven casi como de separadores para el resto del libro, que es más difícil y requiere más atención. En cuanto a la veracidad: casi todo lo que está en esos tres capítulos es textual de las entrevistas. Eso no quiere decir que sean “verdad”, porque a veces es sólo el testimonio de uno dando su versión sobre otra gente. Pero casi no tuve que inventarme nada: fueron capítulos muy fáciles de escribir. Agarraba las transcripciones de las entrevistas, cambiaba los tiempos verbales y los pronombres y quedaba perfecto. Sobre las fronteras: “fiction” es una palabra muy fuerte; en Golden Boys no hay nada de “fiction“, en el sentido de que no hay narración de personajes imaginados por mí haciendo cosas imaginadas por mí. Pero sí hay ideas e interpretaciones, razonamientos y argumentos, tomados sobre la base de testimonios. Eso no es “fact“, porque no está demostrado científicamente (o es imposible de demostrar), ni “fiction“.
- ¿Cómo reconstruiste las escenas de la primera parte del capítulo “El grupo Varenike” (en la Casa Rosada y Olivos)? ¿Cuántas fuentes usaste?
- Me enteré de la escena al principio de la investigación del libro y ahí ya me pareció que era algo que me iba a interesar contar bien. Hablé con casi todos los que estuvieron esos días. Unas diez o doce personas. De la reunión en la Casa Rosada sólo me faltaron dos, uno del lado del gobierno y otro del lado de los Varenike; no quisieron hablar.
- En algunos fragmentos creo sentir que tenés algo del estilo de Tom Wolfe. ¿Qué autores/periodistas considerás que influenciaron tu estilo, o cuáles tomaste deliberadamente como modelos?
- Gracias, man. Tom Wolfe me encantaba hace 15 años, después dejó de gustarme y ahora me ha vuelto a gustar. Hay dos estilos opuestos que me tironean cada uno para su lado: por un lado está el estilo ordenado, sutil, apenas gracioso, de la revista The New Yorker, impecablemente escrito, sin una mota de polvo; y por el otro están Wolfe y el recientemente fallecido David F. Wallace, que se tiraban a la pileta y ponían toda la carne en el asador. A veces me gusta (para escribir) más uno que otro. Golden Boys era más del primer estilo; me gustaría intentar el próximo libro (del que comento más abajo) con el otro estilo.
Un modelo para Golden Boys ha sido sin duda Liar’s Poker, de Michael Lewis, un tipo que cuenta sus años como banquero en Salomon Brothers en los ‘80. Me gustó cómo combinaba los capítulos cronológicos con los conceptuales, me gustó el tono, me gustó como explicaba todo, como si estuviera escribiendo para gente que no sabía nada de finanzas. A mí eso se me hizo fácil porque yo no sabía nada de finanzas cuando empecé a escribir Golden Boys. EE.UU. es el gran país del non-fiction. De acá uno puede afanar-inspirarse indefinidamente. Es sin dudas, en ese sentido, un libro mucho más gringo que europeo, más crónica que ensayo, más laburo de calle que intelectual.
- Estoy un poco convencido de que esta forma de hacer periodismo viene acompañada de cierto involucramiento del periodista con las personas observadas o entrevistadas. Vos mencionaste haber compartido algún picadito y encuentros informales con analistas y traders. Y hay quienes (me excluyo) consideran que, en estas investigaciones, el periodista puede estar ‘usando’ al investigado para su beneficio personal (casos Capote-Perry Smith, Talese-Bonanno). En este sentido, ¿crees que ‘traicionaste’ a tus golden boys? ¿Leyeron el libro? ¿Qué repercusiones produjo en ellos?
- Es una pregunta complicada sobre una relación complicada. Porque siempre los estás usando. Y ellos también a veces te están usando. Con Daniel Canel, uno de los personajes principales del libro, debo haber hablado unas 30 veces por teléfono. Él no tenía que hacerlo, pero sintió que para él era mejor hacerlo que no hacerlo. Traición: prefiero no contestar, porque la escritura está llena de mini-traiciones: uno necesita mantener una distancia de los personajes. Decir que alguien juega mal al fútbol, por ejemplo, ¿es traicionarlo? Y hay gente a la que eso no le gustó nada. El libro se leyó mucho en el mercado. La repercusiones que tuve directamente fueron, salvo una o dos excepciones, muy buenas. Indirectamente me llegaron comentarios menos generosos.
- ¿Sobre qué te gustaría investigar/escribir en el futuro (o en qué estás metido)?
- Estoy empezando la investigación de un libro sobre Miami, también para Seix Barral. Es una historia reciente de Miami, la Miami latinoamericana post-cubanos (la Miami cubana ya está bastante contada). Todavía no sé mucho qué forma tendrá ni muchos detalles.
- Ahora están reapareciendo las ‘crónicas’ en el mercado editorial argentino. Pero me parece que cada vez es más difusa la categoría. Dado que seguramente tenés una visión desde la non-fiction americana, me gustaría saber cómo ves al asunto. Crónica, reportaje, periodismo de investigación, Nuevo Periodismo, periodismo literario, ¿dónde estamos parados? ¿hacia dónde vamos?
- Me parece que avanzamos en la buena dirección. “Crónica” es una palabra que me gusta pero no me convence del todo, porque tiene mucha connotación de que lo más importante es “estar ahí”. A mí me parece que eso es importante pero que si un tipo te dice “yo aquel día no estaba en aquel lugar” uno tiene que averiguar si lo que dijo es así. “Periodismo de investigación”, por otra parte, tiene un aroma anti-corrupción, de “destapar la olla”, que tampoco me convence, porque prioriza lo espectacular sobre la intención de explicar. “Periodismo narrativo” es una categoría que últimamente se usa bastante y que me parece que está bastante bien.
De nuevo, gracias. Valió la pena.


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