Sábado. El Teatro Del Artefacto. Entramos últimos. Tres de los veinte privilegiados con reserva. Boletera. Pasillo estrecho. Y al final, un patio. Veinte asientos mirando hacia las habitaciones del fondo. Quedé solo, a la izquierda de la tercera fila. Pero a la izquierda de todos, una escalera. A la derecha, dos puertas. En frente, una puerta con ventanitas, abierta. Adentro, una mesa, unas sillas, una lámpara, un libro y un hombre que lo leía. Al final de la escalera y frente nuestro, un balcón con puertas a otras habitaciones. Parecía que sólo iluminaba la noche (pero uno después me dijo que era un efecto bien escondido). Empezó la obra, Ivanov.
Me lo confirmó un actor secundario que paseó sigilosamente su panza por mi rodilla. Se detuvo en un rincón del patio, muy cerquita nuestro. Levantó un palo con cuidado. Se asomó con disimulo por la puerta de la habitación. Lanzó la madera con fuerza hacia la mesa. El protagonista, que estaba adentro, saltó en su silla y el libro voló por la habitación. Actuó el susto con exageración. Pero algunos de los espectadores sí nos sobresaltamos.
Un momento después. El gordo presionó interruptores sobre la pared derecha del patio y todos fuimos inesperadamente iluminados. Salió por la puerta de ese rincón. No del todo. A través de las aberturas de la puerta nos llegaba luz y sonidos. Era un baño. Y los espectadores reímos ante el viejo chiste del chorrito interrumpido. ¡Pero es que está sucediendo… acá!
Se trataba de un texto clásico de Anton Chejov. Pero en esos tres movimientos de la primera escena, el director Piero Anselmi nos sintonizó de golpe para que participáramos de la obra que luego desplegó alrededor nuestro. Nos sentimos acechados por cuatro frentes. Estuvimos más involucrados en los dramas de la casa. En un momento, intenté mantenerle la mirada a Anna Petrovna, que sentía clavada en mis ojos. Jugamos a buscar detalles alternativos. Creí ser el único o, al menos, el primero en ver que la esposa escuchaba a los amantes desde las sombras del balcón. Seguro que no.
Me divertí muchísimo. Con recursos simples, sin grandes pretensiones, la sólida adaptación de Anselmi y Raúl Serrano, que ya lleva 40 funciones, muy acorde a nuestros tiempos (y sospecho que también por su contenido). Recomiendo.
Más información en: Alternativa Teatral.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada